miércoles, 24 de noviembre de 2010

El gigante Facebook de nuevo a la carga



Desde aquel lejano abril del 2007 en el cual  Mike Zuckerberg  presentó por primera vez su invento al mundo muchas cosas han cambiado. Facebook ha revolucionado las redes sociales, y hoy, gracias a la implementación de una nueva plataforma de correo electrónico, un crecimiento aún superior parece asegurado.
7000 millones de dólares avalan la solvencia de este invento, creado inicialmente con la intención de ser difundido únicamente en la universidad de Harvard. Hoy, con más de 500 millones de usuarios a nivel mundial, Facebook ha cambiado las interrelaciones sociales como tradicionalmente eran concebidas. Bastan unos cuantos clicks para estar al tanto de la actividad social de las personas que conozcamos (o no), asimismo los eventos y grupos de interés han adquirido un significado totalmente distinto.


Actualmente Zuckerberg ha enrumbado hacia un aspecto hasta hace poco no explorado por su empresa, los correos electrónicos. Su propuesta: hacerlos más informales y distendidos, no tan cuadriculados ni complejos. 


Inicialmente se podrá acceder a estas por invitación; luego el servicio podrá ser utilizado por el resto de usuarios. Tal parece ser que en estos momentos Facebook es el paradigma empresarial, veamos si esta “movida” tiene resultado a corto plazo.
Solo queda esperar.

Descripción de algunas escenas de la película “Deer Hunter” de Michael Cimino




Al inicio, podemos observar  como un grupo de mineros es enviado a la guerra de Vietnam a luchar por un supuesto “ideal” que no refleja para anda sus intereses. En la escena anterior, uno de ellos se va a casar mientras que los demás se encuentran viendo televisión y bebiendo en un bar.

A continuación, la escena nos transporta nuevamente al bar, en el que los muchachos se encuentran ya ataviados por el alcohol ingerido. Uno de ellos permanece boca arriba en la mesa de billar; de fondo, se percibe música un tanto nostálgica, la cual los lleva hasta las lagrimas.

Luego, el film nos lleva directamente a Vietnam; los disparos y cañonazos en contra de las aldeas desprotegidas se sienten plenamente.  La devastación propia del paso de la muerte es evidente en las precarias comunidades. La imagen de la madre ensangrentada con su hijo en brazos es devastadora y gráfica de manera perfecta los horrores del conflicto; luego de esto, su acribillamiento y muerte súbita. Asimismo , la liberación de los cerdos y la carbonización a la cual es sometido un hombre, manifiestan de manera cruel los excesos de la guerra; Los daños colaterales, como les llaman.

En un momento, los vietnamitas capturan a los soldados americanos y los encarcelan en una pequeña casa cerca al rio. Steve  al ver que los soldados vietnamitas utilizan dinamita, es doblegado pos los nervios a tal punto que empieza a gritar mientras su compañero trata de calmarlo. Finalmente los soldados vietnamitas se percatan de este incidente, y los obligan a  dispararse entre ellos. Con total crueldad y desparpajo, los vietnamitas ríen al ver como uno de los rehenes se dispara asimismo, entregando su vida para de esta manera evitar dar muerte a su compañero.

Finalmente los soldados capturados son asesinados y arrojados al río aprovechando su cercanía geográfica.  Steve y Mike se ven obligados a jugar la ruleta rusa. Steve acepta el desafío y muere;  su cuerpo es llevado a otro lugar. Con su muerte, quedan dos últimos sobrevivientes. A partir de este momento las reglas del juego cambia, la ruleta comienza a jugarse con la pistola conteniendo tres balas. Los soldados americanos  deciden continuar con el juego. El primero dispara y se salva, luego sigue el turno de Nick, quien también logra vivir. Por último, utilizan las balas restantes para asesinar al vietnamita y emprender la huída.

Massera, el “Almirante Cero”, ha muerto. Sus crímenes no



83 homicidios calificados, 623 privaciones ilegales de la libertad, 267 aplicaciones de tormentos, 102 robos agravados, 201 falsedades ideológicas de documentos públicos, cuatro usurpaciones, 23 reducciones a servidumbre, una extorsión, dos secuestros extorsivos, una supresión de documentos, 11 sustracciones de menores y siete tormentos seguidos de muerte.

Su rostro se convirtió en sinónimo del Terrorismo de Estado argentino.  Fue  nombrado como uno de los miembros de la Junta Militar que asumió el poder tras el Golpe de 1976; Condenado por delitos de lesa humanidad, luego fue indultado. Su muerte ocurrió en el hospital Naval, donde estaba internado desde hace varios años tras sufrir un accidente cerebro vascular  en 2002 que lo dejo postrado y demente. Emilio Eduardo Massera, uno de los integrantes de la Junta Militar que comandó el golpe de Estado de 1976, falleció hoy en el Hospital Naval donde permanecía internado. Tenía 85 años.


El otrora almirante fue sentenciado a cadena perpetua en 1985 debido a los crímenes de lesa humanidad que sobre él, y el resto de la junta militar recaían –asesinato, torturas, privaciones ilegales de la libertad y robo. Posteriormente fue indultado por el ex presidente Carlos Menem, aquel ex mandatario corrupto y desvergonzado, en 1990. Volvió a la cárcel en 1998 por el delito de sustracción de menores. Y hace dos meses la Corte confirmó la nulidad de aquellos indultos, pero a raíz de que Massera estaba declarado incapaz por demencia se suspendieron las causas en su contra.


Desde 2009, estaba siendo juzgado “en rebeldía” en Italia por el asesinato de tres ciudadanos ítalo-argentinos durante la dictadura: Giovanni Pegoraro y su hija Susana, madre de una niña nacida en cautiverio; y de Angela María Aieta, madre del dirigente peronista Juan Carlos Dante Gullo.


Junto a Jorge Videla, Massera es uno de los principales símbolos de la dictadura militar comenzada en 1976. El marino fue responsable de uno de los sectores más sanguinarios en la represión: tenía a su cargo, por ejemplo, el centro de detención ilegal de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), por donde pasaron miles de argentinos desaparecidos, torturados y asesinados. Muchos fueron trasladados a su destino final en “vuelos de la muerte”, aviones desde donde se los arrojaba al mar.


Años antes, desde su retiro en 1979, el llamado “almirante Cero” había creado un partido político (“Democracia Social”) con el que intentó volver al poder desde otro lugar, buscando relaciones con sectores económicos. No le fue bien.


Tras pasar un tiempo en prisión en democracia (aunque en 1989 un fotógrafo del desaparecido diario Sur lo retrató paseando por la calle), el indulto de Menem en 1990 formalizó su libertad. Hasta que ocho años después volvió a caer preso, esta vez por sustracción de menores por orden de la jueza María Romilda Servini de Cubría. En diciembre de ese mismo año lo beneficiaron con el arresto domiciliario. Tenía 73 años.


En el año 2002, debido al derrame cerebral sufrido, tuvo que ser internado en el Hospital Naval. Apartir de ese momento fue declarodo demente, y por ende, las causas en su contra se dejaron sin efecto, fue declarado “inimputable”. 


 Así murió Massera; anciano y decrépito  en el hospital, sin que la justicia lograra hacerle pagar el daño cometido.

MVLL PREMIADO EN BARCELONA



Desde que ganó el premio Nobel, Mario Vargas Llosa ha visto trastocada su rutina diaria de trabajo, ahora sus horarios laborales se han extendido. "A mí me encontrará la muerte con la pluma en la mano”, sostiene, mientras se alista para brindar una conferencia acerca de su nuevo libro en Barcelona. Paradójicamente es esta ciudad la que fue testigo de su primer gran logro literario, la obtención del premio Leopoldo Alas a su primer libro de relatos “Los Jefes” en el año 1959. 


Flaubert decía que "escribir es una manera de vivir", y para Vargas Llosa esa frase "es exacta". Acababa de ver a Vargas Llosa entrar al Instituto Cervantes, acabo de verlo pasar con una cara que no es la de siempre, es decir la de los medios, la del hombre rígido que parece cansado de circular tantas veces por las mismas verdades. Algo se ha alivianado en el rostro del escritor. Veo paz, cierta liberación, como si de pronto se hubiera sacado de la espalda una mochila de treinta kilos y ahora se sorprendiera de la facilidad con la que mueve los hombros. 


Es que a Vargas Llosa no le pesa el Nobel, nunca le pesará. Lo que le pesaba era no tenerlo, pasar años sin conseguirlo, jugar la ruleta absurda que nunca que llega a detonar. Le pesaba, sí, aunque él no dijera que le pesaba, aunque su respuesta a las sucesivas frustraciones fue siempre un puntual recogimiento de hombros, sin palabras. Vargas Llosa no es un hombre al que le guste quejarse. Pero no hace falta. Sus resentimientos, que los ha tenido, siempre se notaron a leguas. De frente y de perfil.


Pero hoy no había lugar para nada de eso. Su gesto era una aceptación tácita que era este el juguete que necesitaba para sosegarse. Hoy tenía humor, hoy era un hombre que se permitía la ironía, la ironía de la que sus grandiosas novelas carecen. “Recibí la noticia a las cinco y de la mañana. Me habló por teléfono un señor cuya voz no entendía muy bien. Pero cuando escuché “swedish academy”, me dije: ajá, aquí hay que parar la oreja”, contó y todo el público se rió con él. El público, por supuesto, era una ensalada total. Esto es Nueva York, el Cervantes está a solo tres cuadras de las Naciones Unidas y nunca faltan los que preguntan sobre el conflicto en Palestina, sobre el futuro de América Latina, sobre la esclavitud en China. Es decir, nunca faltan los que le hacen a Vargas Llosa preguntas del tipo “premio Nobel”. Conciencia del mundo. Reserva moral del planeta. Y eso que lleva menos de un día. 

—¿La literatura no les interesa, no? —se queja Patricia, la esposa, en la primera fila y en voz baja.
Pero en la conferencia también hay peruanos. Esos sí son peligrosos. A esos hay que tenerlos a raya. Como mi amigo Sandro Mairata, que se inmoló haciéndole la pregunta que nadie más se iba a atrever a hacer (pero que todos hubiesen querido). “¿Qué tiene que decir sobre García Márquez?” Durante la mañana, habían circulado rumores sobre supuestas palabras de García Marquez, su eterno rival literario. “Cuentas iguales”, habría dicho el colombiano en su Twitter (ya que estamos entre escritores, sería bueno hacer aquí una nota al pie sobre la inverosimilitud de la imagen de Gabo twitteando). ¿Qué tiene que decir sobre Gabo? Hubo un silencio en la sala. “No estamos aquí para hablar de eso. Pero debo decir que me enteré de sus palabras cariñosas y las agradezco”. Punto, siguiente pregunta. Hoy día, todos los fantasmas de Vargas Llosa están bajo control. Pero eso no quiere decir que haya que invitar a Gabo a la fiesta. Tampoco tampoco.


El otro día, en la radio, una especialista en hacer identikits para el FBI contaba cómo la memoria es antojadiza es sus fijaciones. “Es muy probable —le decía al entrevistador— que tú recuerdes muy bien dónde estabas cuando murió la princesa Diana de Gales con lujo de detalles, que incluso recuerdes cómo vestías”. Pues bien, creo que por muchos años recordaremos qué hacíamos este día, cómo nos enteramos, qué bebíamos, qué oíamos en las calles. Qué escenografía nos cobijaba. A mí, me tocó la puerta un amigo colombiano que vive en el piso de arriba, en mi casa de Brooklyn. Abrí. En una mano tenía el New Yorker, que tuvo la amabilidad de recoger para mí. Con la otra mano hizo un intento de abrazo: “Felicidades”. Ambos teníamos sayonaras y pijamas. Ambos estábamos despeinados y teníamos ojeras. Ambos habíamos pasado la noche escribiendo. 


Mi primera reacción fue preguntarme por qué me felicitaba. ¿Era algo de lo cual felicitarse? Luego me dije a mí mismo en voz alta. “Tenemos un Nobel de literatura. ¡Un Nobel!”. Entendí que estaba viviendo algo parecido al entusiasmo. Mi amigo colombiano me dijo que en breve el escritor iba a estar en el Cervantes. Nos cambiamos rápido y salimos corriendo. Hacía sol en Nueva York, la línea verde estaba repleta. La sala del Cevantes, también. Vargas Llosa apareció liviano, en traje gris, y dijo: “Este no es solo un triunfo mío, es un triunfo de la lengua castellana y un reconocimiento de la importancia de la literatura Latinoamericana”.
Entonces empecé a entender por qué este día era también importante para mí, para todos los que tratamos de encontrar en la escritura una forma de resistencia. Porque ver a Vargas Llosa ahí sentado es entender también que la única lucha que importa es la que empieza con la primera página en blanco y termina con miles de tachaduras. Me vi adolescente sintiendo piedad por el periodista miope, fascinación por la Barbuda, terror por el perro que mochó a Pichulita Cuéllar, compasión por Varguitas, respeto por el Jaguar. Vi una cabina de radio y un chiquillo que embellecía noticias. Vi a la brasileña. Vi todo eso y recordé un viejo chiste: el del escritor latinoamericano que se despierta a las once de la mañana y se hace una pregunta culposa: ”Qué tarde. ¿Cuántas páginas habrá escrito ya Mario Vargas Llosa?”


La conferencia siguió con su inevitable dosis de política, pero en un punto llegamos al Perú. Porque siempre hay que hablar sobre el Perú, porque ya pasaron esas feas épocas en que el escritor no contestaba a ningún periodista peruano. “¿Qué tiene que decir sobre el Perú?”. Vargas Llosa, sonriente, sacó la capucha que mejor le queda, la de Flaubert. 


Con relación a su última novela, el escritor dice  haber respetado los hechos básicos de la vida de Roger Casement, pero también dice haber inventado mucho. "Yo sólo miento cuando escribo novelas", aseguro.

La polémica Llosa - Márquez.




Sucedió el 12 de febrero de 1976, Gabriel García Márquez se disponía a brindarle un fraternal abrazo a su intimo amigo Mario Vargas Llosa; sin embargo lo que recibiría a cambio sería un duro golpe en seco, directo al ojo izquierdo; un derechazo furtivo que los distanciaría para siempre. Este  episodio concluiría una amistad entre dos gigantes de la literatura Latinoamericana; Vargas Llosa y García Márquez serían, a partir de ese momento, adversarios.

Esa noche se llevaba a cabo una función cinematográfica privada, el lugar, el palacio de Bellas Artes de México; la cinta escogida, Sobrevivientes de los Andes. El colombiano, que por ese entonces tenía 49 años,  fue el primero en llegar en compañía de su esposa Mercedes Barcha. El peruano arribaría después.

Al divisarlo, Gabo atinó instintivamente a abrir los brazos de manera fortuita, rauda. Sus ojos denotaban el fulgor propio de un reencuentro entre camaradas. ¡Mario! Sería lo único que este alcanzaría a pronunciar, pues su antes inseparable compinche Vargas Llosa respondería este gesto de camaradería de manera abrupta; Un puñetazo un corte en la nariz y el desplome de Gabo cerrarían este capítulo por 39 años.

Hoy las fotografías que grafican los rezagos del penoso incidente salen a la luz gracias al fotógrafo Rodrigo Moya, amigo de García Márquez y exiguo guardián de este fragmento de historia que finalmente explica el porqué del distanciamiento entre ambos escritores.

Encuentro cara a cara



Villa el salvador, distrito conocido por sus grandes industrias y comercio afluente, se convertirá en los próximos días en el referente de la democracia electoral; y es que El  Centro de Comunicación Popular de Villa El Salvador será el escenario escogido para el debate municipal más esperado de los últimos años. Las  candidatas a la Municipalidad de Lima estarán cara a cara en un encuentro que promete encender la polémica a vista de las próximas elecciones municipales.

Tanto los vínculos con personajes de dudosa reputación como Cesar Cataño, así como la supuesta afiliación a doctrinas e ideologías trasnochadas, son los puntos débiles que ambas candidatas cargan a cuestas antes de este debate. Sin embargo, esperemos que dichos temas queden debajo del tapete, pues de lo que se trata el un hecho de este tipo, es de exponer de la mejor manera las posiciones y acciones a tomar en caso de un hipotético triunfo electoral.

Transparencia será la encargada de brindar todo el apoyo logístico necesario para este debate, en el cual ambas candidatas confrontaran ideas y propuestas. Asimismo el debate contará con la presencia de simpatizantes de ambos bandos, lo cual, esperemos, no repercuta en el desarrollo de este.

Esperemos entonces que dicho debate se lleve a cabo de la manera más respetuosa posible, apelando siempre a  la faceta política de las candidatas, y no al aspecto personal ni a los ataques fortuitos, los cuales son comúnmente herramientas políticas mal empleadas en nuestra coyuntura.

Locura Crónica



En el año 1987 el profesor  Eloy Jáuregui, periodista del diario el comercio, se escandalizó por una noticia breve que había escuchado que le comento un colega; los locos se mueren. El hospital más grande del Perú para tratamientos mentales se llama el “Larco Herrera”. En 19787 hubo una huelga de médicos y enfermeras del Hospital Larco Herrera. Nadie tuvo oportunidad de solucionar el problema, y el gobierno de Alan García, el primero, se desentendió del asunto. El profesor Eloy J fue y le dijo al ministro de salud:

-        Quiero hacer un reportaje

                       El ministro de salud lo miro, y le dijo:

-        Jajaja, ahí  solamente ingresan médicos y no periodistas
                     
El periodista Eloy j replicó:
-        Pero se están muriendo los locos
Y el ministro dijo:
-        A mí que chu, un loco menos es un chico mejor alimentado.


El periodista Eloy Jáuregui, indignado, buscó ingresar al lugar  por otros métodos, por otras áreas; nadie le presto atención. El periodista Jáuregui, sentado frente a su esposa la noche anterior, dijo:

-       -con este tema me gano un premio-y le dijo a su esposa-prepárame mi peor ropa, la más cochina, la más vieja, la más usada

y la esposa le contestó:

-       -esa es la que tienes.

Al día siguiente el periodista Eloy Jáuregui estaba en la cola para internarse en el Larco Herrera  haciéndose el demente, el enfermo mental.

Llego temprano e hizo su cola frente a un guachimán. El hospital lucia como un campo de concentración cuidado por guachimanes

Cuando se le pregunto: ¿Para qué viene usted?, al periodista Jáuregui se le ocurrió decir:
-        Quiero matar a mi padre

El guachimán le pregunto por qué, y el periodista Jáuregui respondió:
-       - Porque es aprista

Inmediatamente recibió un ticket

-       - Pague cinco soles, le toca pabellón 7; el pabellón de los malditos.

Instalado, el periodista Jáuregui en el pabellón 7, tuvo este primer dialogo. Una persona de edad media le preguntó al joven periodista:

-       -Donde te duele

Y el periodista contestó:
-       -En el estómago y de ahí me sube a la cabeza

El otro replicó:
-       -Nunca saldrás de aquí

El periodista insistió:
       - Por que
-       -Los únicos que salen-dijo el otro- es porque le duele al revés. Primero la cabeza y después el estómago.

48 hrs más tarde, el periodista Jáuregui, todavía en uso de razón, pidió salir del hospital de enfermos mentales. Era muy tarde. Cuando habló con el enfermero le preguntó

-       - Ya me quiero ir a mi casa
El enfermero respondió:

-      -Ya te he dicho, de aquí no vas a salir

-       -Es que yo no estoy loco- dijo Jáuregui- soy periodista, he venido a hacer un reportaje, a     construir una crónica para después enseñarle a mis alumnos de la univ. De  lima

Y el enfermero respondió:

     - Todos los que están acá internados son periodistas. Seis días más tarde, absolutamente fuera de sí, el ex -periodista Jáuregui, chupando cañazo, fumando pie, decidió salirse por la pared. Todos los enfermos dragos le decían:



-        -Sálvanos, sálvanos- y lo empujaban para afuera

El grito se convirtió en un himno

-        -Sálvanos, sálvanos Eloy, que Eloy es el hoy

Hasta ahora cuando el periodista Jáuregui ser acerca por el hospital, sigue escuchando un coro de locos que grita:

-        -Sálvanos, sálvanos Eloy, que Eloy es el hoy.

20 minutos después de que el periodista j estaba ya en la calle, se acercó a la av. el ejército a tomar su moradito. No tenía un sol ni diez céntimos, el mismo se preguntaba-¿cómo llego a mi casa? -Y pasó el moradito, y lo primero que le dijeron cuando le cobraron el pasaje, fue esta frase con la cual termino mi historia

-    -Ya pe huebón, paga paga; no te hagas el loco.

Recuerdos del pasado




De aquellos lejanos días recuerdo poco; los paseos en el auto, tomando el volante sentado en las piernas de mi padre; momentos gratos en los cuales tenía la dicha de ponerme en su lugar y maniobrar el viejo Chevrolet. Aunque era el quien guiaba el timón, yo era feliz de, aunque sea por un instante, sentir el poder de aquel viejo bólido, enrumbando a las playas de ancón junto a la familia.

En el viejo colegio del cercado donde cursé la primaria, las cosas fueron bien en un inicio. Los  maestros y  compañeros eran amigables, inclusive entable amistades que perduran hasta el día de hoy, y que fueron cómplices de un sinnúmero de mataperradas propias de la infancia. Como olvidar aquellos episodios en los que, víctimas de una procacidad candorosa, salíamos de clase para no regresar, utilizando falsas destemplanzas  y aflicciones estomacales como ambiguo recurso.

La secundaria vino con las poses de rebeldía y necia independencia propias de un adolescente. El colegio ya no era el “San Andrés” del cercado de Lima, ahora se encontraba en el límite de surquillo y Miraflores; las cosas fueron muy distintas allí.  Los recreos ya no estaban  colmados de los pasatiempos a los que estaba habituado: el trompo, el futbol con chapitas, las escondidas;  ahora se trataba de demostrar quien era el más fuerte. Naturalmente el cambio fue brusco, pero sirvió como medio  para forjar el carácter.

Finalmente vino la despedida del colegio; la ceremonia de promoción, el viaje, la fiesta, y miles de recuerdos más. Definitivamente, como dicen muchos, la etapa escolar es la más entrañable en la mente de un adulto. Bueno, en mi caso también es aplicable esa trillada frase.