miércoles, 24 de noviembre de 2010

Recuerdos del pasado




De aquellos lejanos días recuerdo poco; los paseos en el auto, tomando el volante sentado en las piernas de mi padre; momentos gratos en los cuales tenía la dicha de ponerme en su lugar y maniobrar el viejo Chevrolet. Aunque era el quien guiaba el timón, yo era feliz de, aunque sea por un instante, sentir el poder de aquel viejo bólido, enrumbando a las playas de ancón junto a la familia.

En el viejo colegio del cercado donde cursé la primaria, las cosas fueron bien en un inicio. Los  maestros y  compañeros eran amigables, inclusive entable amistades que perduran hasta el día de hoy, y que fueron cómplices de un sinnúmero de mataperradas propias de la infancia. Como olvidar aquellos episodios en los que, víctimas de una procacidad candorosa, salíamos de clase para no regresar, utilizando falsas destemplanzas  y aflicciones estomacales como ambiguo recurso.

La secundaria vino con las poses de rebeldía y necia independencia propias de un adolescente. El colegio ya no era el “San Andrés” del cercado de Lima, ahora se encontraba en el límite de surquillo y Miraflores; las cosas fueron muy distintas allí.  Los recreos ya no estaban  colmados de los pasatiempos a los que estaba habituado: el trompo, el futbol con chapitas, las escondidas;  ahora se trataba de demostrar quien era el más fuerte. Naturalmente el cambio fue brusco, pero sirvió como medio  para forjar el carácter.

Finalmente vino la despedida del colegio; la ceremonia de promoción, el viaje, la fiesta, y miles de recuerdos más. Definitivamente, como dicen muchos, la etapa escolar es la más entrañable en la mente de un adulto. Bueno, en mi caso también es aplicable esa trillada frase.

Perdido por KO.



Mario Broncano sale de un callejón estrecho ubicado en huascarán, una de las zonas más bravas de la victoria. Tiene la mirada perdida, el rostro desencajado; está mal trajeado y con aliento alcohólico. “acabo de llegar del mercado, una tía me mandó a comprar sillao” me cuenta, pero sé que miente; son las 12 del mediodía e intuyo que recién acaba de despertar después de una noche en la que el cañazo y la pasta, droga barata pero fuertemente adictica y dañina, fueron los sustentos para evitar olvidar la realidad. La noticia que busco está relacionada a aquel episodio maldito en el cual Broncano fue sacado del avión que lo llevaría a participar en las olimpiadas de Seúl 88; busco conocer su versión de los hechos.
 
 A huascarán no entra cualquiera; para poder ingresar debes estar apadrinado por alguien; en mi caso se trata de un intimo amigo, el cual, por azares del destino hoy es asiduo concurrente, pero esa ya es otra historia. Al entrar con el auto, las miradas envolventes comienzan con su escrutinio inquisidor; los soldados del barrio, casi uniformados con zapatillas nike, gorras y las chuzeadas de rigor observan con desconfianza. Al ver al conductor se dan cuenta que es  un miembro más del barrio.

 Broncano sube al auto, nos dirigimos a José Gálvez, un lugar descampado cerca de la vía expresa que sirve de refugio para aquellos que gustan escapar de la realidad mediante pacos, quetes, o algún tipo de pegamento industrial (tercoal).
 
Al llegar al lugar de la entrevista esta se da inmediatamente;  preguntas directas y cortas salen de la boca desdentada del retirado boxeador. Como si de jabs, ganchos y uppercuts se tratase, va afirmando, desmintiendo y desmitificando algunas de mis preguntas.

Finalmente lo llevo de regreso a su refugio, el callejón del cual, hace muchos años, salió con la esperanza de ser grande, alcanzar un título mundial, y tal vez convertirse en motivo de orgullo nacional. Lamentablemente este regreso es definitivo; sus sueños siguen ahí, pero él sabe bien que ahora son inalcanzables.

Acepto, Camarada




La pedida de mano se llevó a cabo en el año 2006, cuando Abimael Guzmán, aprovechando un receso en el megajuicio que se llevaba a cabo en su contra, se acercó a  Elena Iparraguirre y finalmente le propuso matrimonio. Un ramo de rosas rojas y amarillas en clara alusión a los colores de la bandera senderista que hasta hoy defienden, dos anillos entregados en secreto por Blanca Revoredo (madre de Iparraguirre), y la presencia de la cúpula senderista en pleno, fue el escenario elegido por el “camarada Gonzalo“ para expresarle amor eterno a su leal compañera.


Elena Iparraguirre recorre después de mucho tiempo de enclaustramiento las calles de Lima, aquellas mismas que  en la década de los noventas  fueron escenario de los más sangrientos atentados coche bomba. Pero esta vez lo hace con un propósito totalmente opuesto. Al fin cumplirá su deseo de contraer nupcias con Abimael Guzmán, siniestro personaje de mentalidad aparentemente lúcida y avejentada, que alguna se erigió líder de la  lucha revolucionaria en nuestro país, y que hoy, vapuleado por el paso del tiempo, pugna condena de cadena perpetua en la base naval del Callao.


Su lucha armada cobró la vida de 70 000 peruanos que, ajenos al conflicto social que sendero proclamaba abolir para dar paso a un nuevo orden, se convirtieron en el “daño colateral” del enfrentamiento armado que esta  pareja perpetró durante años.


Hoy finalmente ambos se unirán en matrimonio, y concluida la ceremonia, los dos serán de alguna manera “felices”; sin embargo, aquellas familias cuyas vidas se vieron  afectadas por tan atroces actos de violencia absurda, permanecerán recordando con nostalgia alos seres queridos que este matromonio les arrebató.

Precoz Excarcelamiento




Proclama a los cuatro vientos que su forma de pensar ha cambiado, que ha dejado atrás ideologías extremistas; asegura ser víctima de intereses políticos, descalifica los fallos del poder judicial, sostiene que sus derechos han sido vejados, que su juicio se realizó sin las garantías necesarias. Sus padres se unen al juego mediático y acuden al show de Oprha Winfrey, denuncian hechos barbáricos propios de una nación de salvajes. Denuncias y más denuncias. Imágenes de un rostro endemoniado, escoltado por efectivos de la DIRCOTE para su exhibición como trofeo de guerra. 


Han pasado casi tres meses desde que Lori Berenson, otrora integrante del movimiento revolucionario Túpac Amaru, saliera en libertad. Sin embargo, dicho privilegio del que goza pende de un hilo. Su  encarcelamiento está cerca, ella lo presiente y por ello busca refugio en la embajada de EEUU, pero de nada sirve. ¿Por qué escapar de la justicia faltando tan poco para cumplir la condena?, no, no tiene sentido. Regresará a prisión, no hay otra alternativa.

"Más que la vida, lo que estoy viviendo es la muerte"


"Más que la vida, lo que estoy viviendo es la muerte", fueron las palabras del perspicaz cineasta Armando Robles Godoy semanas antes de su fatídico deceso; ¿quién podría descifrar en ese momento que una  irónica  escena   le pondría fin a la cinta de su vida tras 87 años de iniciada esta? Hoy Robles Godoy yace en la eternidad, y su condición iconoclasta y transgresora queda como legado  para aquellos inconformistas con espíritu rebelde que ansiosos desean lanzarse a la senda creadora del arte y de la vida.  El trabajo propiamente cinematográfico de Armando Robles Godoy lo integran seis largometrajes, y más de una veintena de cortos. Fue a mediados de los años ’60 con Ganarás el pan, que la obra más conocida del controvertido director se inicia, para paulatinamente abrir una franja poco explorada hasta ese momento en la cinematografía peruana.
Robles Godoy fue y es sinónimo de vanguardia,  y a el se le atribuye la  instauración de una nueva manera de hacer cine en el Perú, con respecto a los grandes movimientos nacionales que se sucedían en diversas partes del mundo en ese entonces. Muchos años después, se puede ver con algo más claridad lo que rodeó a esas obras, de carácter enigmático y barroco. A veces afortunadas, otras no.
Damos un sucinto repaso por ellas, con excepción de su ópera prima, difícil de encontrar actualmente:
En la selva no hay estrellas (1967): Antes de ser cineasta, Robles Godoy se consideró a sí mismo escrito, y fue justamente uno se de sus relatos el que lo deslumbraría como un director digno de ser puesto en la mira como futuro referente cinematográfico. A  pesar de las obvias limitaciones técnicas de ese momento, En la selva no hay estrellas es la película más cercana a la estructura clásica que llegó a realizar el cineasta. Pero dentro de esa historia sobre el recorrido tanto mental como físico que realiza un hombre (interpretado por el argentino Ignacio Quiroz) y su botín deseado por un rincón perdido de la selva peruana, ya se deja ver el interés de Robles por dar cuenta de su particular percepción de la realidad de su país.
La muralla verde (1970): Así como con “En la selva no hay estrellas”, Robles Godoy encentró la inspiración creadora en una novela escrita por él, la cual al ser plasmada al celuloide lo erigiría definitivamente como genio contemporáneo.. La Muralla Vede se configura como una de las películas más interesantes que se han hecho en Perú, y al igual que la anterior, el paisaje amazónico se constituye en el escenario central, aunque no el único. A partir de sus remembranzas de la época en que se mudó con su familia en calidad de colono, Robles Godoy crea una película sembrada de sugerencias visuales y sonoras, trabaja los tiempos muertos tan caros al cine moderno, y se luce en algunas resoluciones fílmicas sorprendentes, especialmente las de la parte culminante. Pero en el pasivo, se deja ver esa tendencia por buscar el efecto poetizante, que iría deviniendo en artificio y redundancias en la medida que su cine se fue volviendo más hermético. Las críticas en torno a esta cinta siguen hoy en la palestra, sin embargo, La muralla verde es una película sentida, con auténticos logros. Un momento en el que el director todavía compartía más que solo consignas estéticas gritadas a viva voz.

Espejismo (1972): es la película más lograda del director en términos técnicos. Hecha, como el mismo lo dijo alguna vez, a todo lujo. Acá se introduce de forma más radical en una estructura rupturista, poco complaciente para quien espera que le cuenten una historia, que la hay pero de forma muy incierta. Estamos en un pueblo iqueño del que solo quedan algunos vestigios de lo que fue una gran plantación de uvas propiedad de una familia de terratenientes, cuya realidad e historia es descubierta poco a poco por un pequeño abandonado entre esas ruinas (aunque el tema de la reforma agraria nunca es tocado como tal). A partir de ello, Robles asienta sus procedimientos preferidos: elipsis temporales, flashbacks, imaginería impactante, ecos de Resnais, Sjoberg, entre otros. Pero lo que llegaba a funcionar de forma tan peculiar en La muralla verde, solo encuentra acá vagos ecos de sus logros. Algunas escenas tiene atractivos pero de forma suelta, desperdigada, antes que el todo borroso y lleno de misterio que pretende desde la figura misma del leitmotiv visual de la película: las imágenes del hombre que corre en alguna parte del desierto perdido en el tiempo. 
Sonata soledad (1987): Iniciada como idea de un ejercicio para el taller que desarrollaba en ese tiempo, este reencuentro de Robles con el largo después de varios años, solo se llegó a estrenar en la sala de la Filmoteca de Lima, quince años después de Espejismo. Y todo ese tiempo realmente no pasó por gusto, ya que acá Robles radicaliza mucho más sus procedimientos e intereses expresivos, aunque casi siempre rozando la extravagancia y la nulidad. Compuesta por tres partes, que hacen las veces de pretendidas piezas musicales, Sonata soledad muestra a Robles Godoy dando incierta cuenta de los fantasmas de su vida y trayectoria, tanto en la niñez, como en sus relaciones afectivas, o en sus trances con el cine. Lo más rescatable debe ser Tempo, la primera de sus “suites”. En ella el mismo director aparece para encarar entre malcriado y resignado, su educación religiosa, de la cual obviamente reniega. Imágenes de confesionarios, castradores de sotana ya muertos, pero enterrados en ruinas, en medio de las cuales lo único que exhala vida es una fuente vertiendo agua. Metáforas visuales sobre el sexo y la armonía perdida, pero tratados con autoindulgencia. 
Imposible amor (2003): El último “opus” del veterano cineasta, fue terminado en el 2000, pero su estreno se postergó tres años, para solo ser de forma restringida en el Festival de Lima. Y valgan verdades, para ser una película que se pretende testamentaria (donde Robles Godoy suma todos sus puntos de vista y obsesiones de toda la vida), es realmente infame. más aún considerando el creciente culto que se ha venido desarrollando alrededor de su figura en este nuevo siglo, y más aún con la revolución tecnológica, a la que en cierta medida se le agradeció la posibilidad de este capítulo final. Pero Imposible amor no pasa de ser un tremendamente fallido ejercicio, que narra de forma circular diversos episodios relacionados de con sus ideas sobre la religión, el cine, la crítica, los artys, etc. Todos y cada uno, amores imposibles que divagan entre el humor de sketchs, la apariencia de corto estudiantil, y todo un arsenal de alucinaciones inconexas, que lindan con el mamotreto sin vergüenza. Tal vez este mal decirlo en un espacio que en líneas generales intenta ser un homenaje. Sin embargo, no se puede evitar hablar de este trabajo como un naufragio total, el verdadero laberinto sin salida al que se estuvo aproximando en su cinta previa. 
Pero como casi todo en la obra de Robles Godoy, si algo pervive es el carácter controvertido, imprevisible, ese que de alguna forma generó una escuela, una que todavía está por descubrirse en todas sus facetas.

De vacaciones



Se podría decir que soy un estudiante a tiempo completo, pues aún no tengo la oportunidad de practicar. Sin embargo las otras actividades que realizo son (en orden jerarquico) : Escuchar música, ver películas y leer.
Durante las vacaciones me dedique a estudiar Ingles en el Icpna, además, tomé un taller de comic dictado por Jesus Cossio, quien participa en la sección El Otorongo de Perú 21. El taller se dictaba los días sábados en su casa con una cantidad de alumnos reducida, es decir, era totalmente personalizada
Los diarios que leo asiduamente son Perú 21, La Primera, El comercio; aunque a veces, si por azares del destino El Trome cae en mis manos, lo leo también.
Lo que más veo en la televisión son los programas periodísticos nacionales como Cuarto Poder, Días D, y Panorama. Los noticieros de televisión abierta son algo que prefiero evitar, pues solo recurren al amarillismo para captar sintonía. También veo CNN y series de entretenimiento de los canales WB, Fox y FX.
La única estación de radio que sigo con total fidelidad es Doble Nueve, pues en esta estación se puede percibir un interés real por la difusión de música alternativa.
La última película que vi fue “El custodio”, una película argentina que recomiendo. Podría estar enmarcada dentro de la corriente de cine contemplativo o reflexivo como Luz Silenciosa, o Batalla en el Cielo
El último libro que leí fue una compilación de cuento titulada “La Cofradía de las Espadas” del escritor Rubem Fonseca. El anterior que leí fue los 7 Ensayos de interpretación sobre la realidad Peruana de José Carlos Mariátegui
El spot publicitario que me impacto este año fue uno en el que se apoyaba a una organización de lucha contra el Alzheimer, era muy creativa.
Mi proyecto a futuro es crear algún tipo de plataforma comunicacional referente a la música.